Jueves de Película en la Nel

El film de Francisco Lombardi basada en la novela homónima de Mario Vargas Llosa, comienza con un plano secuencial que acompaña el recorrido de un oficial dentro de una sofisticada dependencia militar. A continuación, una reunión entre un general y un coronel, durante la cual eligen a un capitán, Pantaleón Pantoja, para una difícil misión.
Cuando Pantaleón llega a Iquitos, lo recibe un calor insoportable. Despues de un viaje en mototaxi, le recibe otro general que le explica que su nueva asignación consiste: En organizar el servicio de “visitadoras“, las cuales se ocuparán de satisfacer las necesidades sexuales de los sacrifícados soldados en los puestos de la frontera amazónica.

Pantaleón es un oficial y esposo ejemplar, se resiste a cumplir órdenes superiores, pero finalmente no puede rehusarse. Así que organiza la oficina más eficiente del ejército peruano y como era obvio los problemas comienzan, mientras su obsesión por una de las visitadoras (“La Colombiana“) aumenta, El Sinchi (el locutor que conduce el programa radial de mayor audiencia de Iquitos) le pisa los talones y las cosas se complican cada vez más.

Tomado de   Cinematograph.com

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Ciclo de cine

2 Respuestas a “Jueves de Película en la Nel

  1. “Pantaleón y las visitadoras”, la película basada en la novela homónima de Mario Vargas Llosa, escrita en los años ’70, nos pone en escena el tratamiento del erotismo y el goce sexual en un ambiente que supieron caracterizar con tanta fuerza los autores latinoamericanos en esa década. La particularidad del discurso dominante y la impostura en que se sostiene el mismo hacen de marco al encuentro de una pareja. Un encuentro por azar, como es el verdadero encuentro entre un hombre y una mujer. Un encuentro que culmina en una pasión que, como tal, crea un paréntesis para ellos, una ruptura con las formas y los límites custodios de lo cotidiano.
    Encuentro entre un hombre y una mujer, allí donde él- imagen lograda del militar de obediencia ciega- es más obediente aún a su neurosis, a la religión del Otro que sostiene con tanta disciplina y cálculo. Infalibilidad que lo convierte en un garante de todo proyecto que se le asigne. Obediencia absoluta que, por su misma condición de tal, se vuelve contra el propio sujeto y resulta imposible de ser contenida en el cálculo. De ello da cuenta el final de la película y los propios dichos del protagonista allí, cuando revela que toda misión que le es encomendada carga con el mismo sello: obediencia debida que borra diferencias de contextos para hacer de lo homogéneo su propia religión. Para hacer de los mandatos ese plus de goce que pide siempre más, que no se alcanza. Posición desde donde arrastra a la mujer y se constituye en su estrago.
    Hay dos mujeres para este hombre, como es de esperar desde la posición neurótica que lo caracteriza. La esposa, que lo acompaña en lo sexual y en lo profesional, pero cuyo “pecado” es la medida. Está aliada a este hombre en los ideales encarnados en la mesura y las “buenas costumbres”.
    Pero es en la otra, en “la colombiana”, donde se produce el encuentro de un hombre y una mujer, que rompe con todo cálculo. Irrupción en el mundo de este hombre, desde la potencia del saber sobre el sexo, en un cuerpo dotado para encarnar las fantasías masculinas del goce fálico.
    Mujer que se hace síntoma de un hombre- este hombre- y desde allí aloja las condiciones de goce en el fantasma del mismo. Ella sabe hacer para convertirse en su objeto de satisfacción sexual, allí donde él mismo termina atrapado, sitiado. Pues ella sabe cómo ponerle sitio a su neurosis, cómo hacer límite al cálculo que busca hacer barrera a la tentación. Llamada al ruedo para una mujer, cuando la prohibición y el secreto son las condiciones de su sexualidad. Llamada al ruedo de una mujer, desde un deseo decidido, donde no se mide para poner el cuerpo y asegurar el goce… que será del Otro, pero que le regresará de forma invertida.
    Una pareja que puede ser una de esas que Lacan nombra cuando dice: “los hombres son brutos y las mujeres todas locas… locas de amor”. Fetichistas ellos (la cámara se encarga de detenerse, por ejemplo, en los senos de esta mujer). Erotómanas ellas.
    Hay dos escenas que considero claves en el saber-hacer de esta mujer. Una, cuando ella logra que él “pida” el “test de calidad para perfeccionar el servicio”. Después del encuentro sexual, él- al mejor estilo de la neurosis obsesiva- intenta volver a su posición y le dice: “Los resultados son óptimos”. Ella responde: “Ud no puede pensar en otra cosa que en su trabajo”. A lo que él replica: “Yo no soy su amante, señorita”. Y ella no duda: “Pero se muere de ganas”. Para él, “las cosas son complicadas”. Para ella: “No lo son. A un hombre le gusta una mujer y a una mujer, un hombre”.
    La otra escena es aquella en la que esta mujer logra producir un giro, salirse del lugar del puro objeto de goce y mostrarse en su división, hablando el lenguaje del amor: él le reprocha haberla visto en la vía pública, en una escena muy sexual con un hombre, “ese sujeto”. Ella responde: “El no se llama “sujeto”, es Nicolás… y quiere casarse conmigo…yo sólo quiero cariño… y creo que tengo derecho”.
    Trampa para el sitio del obsesivo desde la demanda amorosa que renueva la división en esta mujer. Desde allí, al final, las cosas ya no vuelven a estar en el lugar previsto por el cálculo.

    Una película de estructura simple y que, sin embargo, tiene el mérito de mostrar sin ambages, lo que el discurso dominante puede velar respecto al manejo perverso de los medios y fines en sus instituciones.
    Pero, más allá de esto, pone en escena las vicisitudes de la vida erótica- esta vez con menos velos- entre los sexos. Y la cuestión de que, una vez disparada la pulsión en busca de su satisfacción, no siempre es suficiente la barricada neurótica del cálculo ni la estrategia del síntoma, para poner límite al goce.

    Susana Dicker

  2. Lorena Greñas

    Concuerdo en que, pese a la estructura sencilla de la película, ésta logra evidenciar lo que el discurso del amo intenta velar. Me parece que pone, en serie, a incontables soldados y a las “visitadoras” todos anónimos que quedan invisibilizados por dicho discurso y de esta manera, los humaniza.
    Rescato la escena del entierro de “la colombiana” en la que Pantaleón le rinde homenaje pues creo que en ese momento él asume la responsabilidad y, por lo tanto, las consecuencias de lo que hace por lo que considero que esto constituye un acto del sujeto que marca un antes y un después aunque la neurosis vuelva a hacer de las suyas…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s